Monjes de Armas Tomar

Los dramáticos sucesos en Birmania me dejan con una tremenda pregunta: ¿Qué hacen miles de monjes dirigiendo una protesta política? La respuesta no es fácil porque desconozco la realidad de ese país que está sujeto a una dictadura militar desde 1962, con una crisis económica inmensa y con una libertad brutalmente suprimida. Desconozco también la filosofía y teología budista que pudo llevar a estos monjes mendicantes a tan osada participación política en búsqueda de la libertad y la democracia de su país.
Sin embargo, leyendo las noticias me enteró que la actividad política de los monjes no es nueva en el país. Ellos realizaron protestas en contra del colonialismo británico y posteriormente también en contra de la dictadura militar y durante las protestas por la democratización del país en 1988. En un acto de desafío religioso, los monjes se han negado a aceptar las ofrendas de los militares, lo que en términos budistas puede ser comparado con la excomunión católica. De acuerdo a los entendidos, sólo una gravísima ofensa moral puede motivar tal rechazo.
Al día de hoy, 26 de septiembre, las protestas ya cobraron varias vidas, incluidas las vidas de dos monjes. Se estima que más de 100,000 personas se han tomado las calles de Yangón y las protestas se están extendiendo por todo el país. Las protestas de 1988 cobraron la vida de 3000 personas, esperemos que ese baño de sangre no se repita nuevamente.
Aunque mi pregunta sigue sin responderse, lo que si podría deducir es que los monjes tibetanos representan la libertad, la dignidad y la esperanza que el gobierno tirano le está negando día con día a los pobladores birmanos. Quizás estos terribles e históricos acontecimientos me hacen recordar cuando Moisés, atrapado entre los egipcios y el Mar Rojo, fue increpado por Dios diciéndole: "¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha!" (Ex.14.15). Hay momentos en que no basta con cantar o hablar acerca de la esperanza, la libertad y la dignidad. Hay momentos en la historia en que la oración y la acción decidida tienen que ir de la mano.
