
En los dos últimos artículos me he referido al aborto y a las razones por las que rechazo esta práctica. Tengo que reconocer que el problema no es de fácil solución pero tengo fuertes convicciones que me llevan a tomar una postura drástica. Por un lado, creo en una irrestricta defensa de la dignidad y santidad de la vida (desde su humilde principio a su doloroso final). Por otro lado, considero que, a pesar de todas las razones humanitarias, médicas, sociales y económicas con las que se le justifica, el derecho al aborto ha sido convertido en una puerta de escape a la responsabilidad y en una herramienta brutal de deshumanización.
Hace pocos días una columnista del diario The Guardian, Zoe Williams, escribió un artículo cuyo propósito era rechazar las escuelas administradas por instituciones religiosas pero que terminó defendiendo el aborto. Williams afirmó que el aborto es un derecho que debe ser defendido "para todas las mujeres, en todas partes, y en cualquier momento" y que nadie tiene el derecho para meterse con las "preferencias" femeninas. Ella llegó a afirmar que podría llegar a defender este derecho aún con su propia vida. Nuevamente Williams usó el argumento de las dolorosas cifras de países tercermundistas para justificar sus argumentos:
"Las cifras son casi demasiado tremendas como para ponerlas en papel. Donde el aborto es legal, la proporción de mortalidad maternal es 0.2 por 100,000. En países dónde es ilegal, la proporción es 330 por 100,000. Con un estimado de 20 millones de abortos inducidos mundialmente, todos los años el número de mujeres muriendo - por razones tontas, vanas, por condiciones antihigiénicas que son simplemente sofocantemente injustas." Lo que no queda claro en su interpretación reduccionista de estas cifras es si la mortalidad materna es sólo producto del aborto o de otras condiciones médicas, económicas, dietéticas o higiénicas no relacionas con la práctica abortiva.
El artículo de 800 palabras generó 70 páginas de intensas respuestas. El debate fue áspero y algunas veces intransigente. Sin embargo, hay un comentario que quisiera citar completamente porque creo que resume claramente algo de la hipocresía de este derecho. Aunque el nombre del autor es anónimo (sólo conozco su seudónimo, Mikeangelo) sus palabras cobraron mucho sentido para mí. Aquí va su comentario:
"Es predecible, aunque frustrante, pensar que Zoe Williams pueda asumir que la mayoría de los lectores de The Guardian simpatizarán con su visión anticuada con respecto a los derechos del aborto. El hecho es que, los abortos, especialmente en este país, tienen lugar abrumadoramente porque el tener un niño sería inoportuno para la madre y/o el padre - pues es claro que a menudo un irresponsable futuro-padre inste a la madre para que consiga una "terminación."
Las leyes de aborto liberales no son muy "feministas" en lo absoluto, desde que ellas sirven el interés de hombres que desean evitar sus responsabilidades, en lugar de de mujeres "vulnerables" como Williams pretende. Es verdaderamente triste que las feministas de nuestros días - a diferencia de sus antepasados a las que ellas indudablemente honran de labios para afuera , como Mary Wollstonecraft - parecen odiar tanto la feminidad que para ellas los "derechos de las mujeres" se reducen al derecho para matar su propia descendencia nonata. En lugar de realmente estar haciendo campaña para defender a las mujeres vulnerables, ellas hacen campaña para que las mujeres puedan ser capaces de "sacar" a un grupo más vulnerable - los bebés nonatos (es duro, de hecho imposible, el pensar en un grupo más vulnerable que éste último). Así ellas desean que las mujeres sean menos femeninas, menos afectuosas, menos protectoras, menos mujeres - de hecho, mucho del "feminismo" moderno realmente es un tipo de argumento para hombres y mujeres egoístas, y al infierno con los vulnerables.
Para estar hablando sobre víctimas adolescentes de violación en el Tercer Mundo - como si ésa fuera la razón, o incluso la única razón, para el cambio de las leyes de aborto en Gran Bretaña en los sesentas - es, en mi opinión, mera cobardía y deshonestidad intelectual. El tema entero es realmente un problema del capitalismo moderno en el que cualquier sentimentalismo para algunas entidades, como los niños nonatos vulnerables, no debe permitirse porque va en contra del buscar generar ganancias.
Aunque Zoe Williams juega con los prejuicios de la Inglaterra liberal, con sus referencias vagas a la opresión de las mujeres por la Iglesia católica en Irlanda, de hecho éste es un problema de todos modos - y yo no soy Católico - la Iglesia está cumpliendo su papel al proteger el vulnerable, al proteger aquéllos a quienes nadie más protegerá, mucho menos todos los virtuosos defensores de la "libertad para las mujeres" (que significa solamente indiferencia hacia todos los intereses menos los de uno) tal como Zoe Williams parece representar."