Yuyaychacuna
Acabo de leer una noticias que realmente me ha dado mucho que pensar. Se está pidiendo a la justicia inglesa la posibilidad de que mujeres menores de 16 años puedan acceder a consejo y prácticas abortivas sin el consetimiento de los padres. Otro caso parecido hace algunos años atrás determinó mostró que era esto posible sólo en casos extremos y bajo el amparo de un juez. Para los que favorecen esta idea radical, los padres ya no representan (o no pueden llegar a representar) una ayuda legítima para sus hijas menores de edad y que todavía dependen, por lo menos económicamente, de ellos. Además llegan a afirmar que el derecho a la confidencialidad es algo que no se puede vulnerar, aun en menores de edad.
Yo tengo una niña de ocho años con la que trato de conversar mucho, y con la que siento la enorme responsabilidad de transmitirle mis valores, principios y creencias. No puedo negar que cada vez que tengo que enseñarle algo que considero realmente importante, mis propios principios tiemblan ante el valor que mi propia hija, y su futuro, tienen para mí. Por lo que inmediatamente me cuestiono a mí mismo y a mis más íntimos valores para ver si ellos realmente representan una fuente viable de inspiración y fortaleza para una vida buena. Yo se que no lo se todo. Por eso, yo debo aceptar mi propia imperfección, mi propia vulnerabilidad y falta de total conocimiento al compartir de mi experiencia y de mis principios con mi hija. Pero eso no significa que tenga que dejarla a la deriva, o que simplemente espere que algunos "expertos," o quizás los miembros de su propia generación la guien. No, yo le seguiré transmitiendo lo que considero importante y valioso, y entre lo importante y valioso también le enseñaré lo que ya se decía en la antigüedad, "... sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno..."
Es indudable que hay padres responsables e irresponsables, buenos y malos, justos e injustos. Como sociedad somos responsables de ayudar a los que lo necesitan y compartir el bien común que no es sólo material sino también espiritual. Pero básicamente, somos los padres los directos responsables de formar las conciencias de nuestros hijos. Así ha sido desde siempre, y así debe seguir siendo.
Pp Mendoza

