Miss Violencia

(2 Reyes 10.13-14)
La masacre de hace unos días en una universidad norteamericana nos vuelven a llenar de dolor y de cuestionamientos con respecto a las supuestas "virtudes" de la naturaleza humana. Pero ojo, este tipo de violencia hace gemir a nuestro mundo 24/7. La tragedia de Darfur, el drama de en oriente medio y la Palestina, la violencia criminal en América Latina y tantas otras lacras nos hacen descubrir horrorizados que hay dentro de nosotros mismos una maldad ineludible que nuestra supuesta civilización no está curando. Miss Violencia sigue reinando y nos tiene a todos, sin excepción, como sus súbditos.
El siglo XX podría definirse como el siglo de más desarrollo general de la humanidad, y también el de la coronación de Violencia como reina indiscutible 1900–2000, y las encuestas señalan que ya está siendo reelegida por un nuevo período y por amplia mayoría. Al parecer no existe un criterio de proporcionalidad inversa entre el desarrollo del hombre y la jubilación de Miss Violencia. Un amigo entendido me envió estos datos: “En el año 2020, el conocimiento se duplicará aproximadamente cada 83 días; el medio de comunicación más efectivo de las religiones del mundo será Internet; las profesiones tendrán una vida útil promedio de doce a catorce años; En el año 2050, la expectativa de vida llegará a 120 años”. Sin embargo, estas minucias no le hacen ni cosquillas a la ajetreada agenda de Miss Violencia. Leamos los diarios de hoy para darnos cuenta de sus múltiples y bien promocionadas actividades.
Durante los tiempos bíblicos, Miss Violencia ya tenía una ajetreada agenda. Toda la región del Cercano Oriente había caído en un terrible espiral de violencia generalizada. El deterioro social, político y religioso era de tal magnitud, que la violencia se propagó como fuego en medio de la paja. Eliseo tuvo un encuentro con Hazael, futuro rey de Siria (aunque él no lo sabía todavía), y el profeta no pudo dejar de llorar al verlo. “Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres que están encinta”. (2 Re.8.12). Al día siguiente, Hazael ahogó al enfermo rey Ben Adad, y reinó en su lugar.
Israel también tenía trabajando a Miss Violencia a toda velocidad. Jehú fue ungido por rey y con él empezó una escalada de horror, sangre y muerte. Su primera acción fue matar a Joram, hijo de Acab, y coronarse rey. También mató a Ocozías, rey de Judá. Luego, ordenó la muerte de Jezabel, la perversa esposa de Acab. Por último, pidió la cabeza de los setenta hijos de Acab y la destrucción total del culto idolátrico y de todo vestigio del paso de la casa de Acab por el reino de Israel. Un reino sangriento terminó de manera sangrienta. El reino de Judá no se quedaba atrás. Al enterarse Atalía, madre de Ocozías, del asesinato de su hijo, mandó matar a todos sus parientes, hijos y nietos, para quedarse ella como reina absoluta de Judá. Ni Ma Baker ha sido tan cruel como esta mujer.
Desde estos terribles acontecimientos pueden haber pasado cerca de tres milenios. Mucha agua ha pasado bajo el río de la historia humana desde entonces. ¿Cómo puede ser Miss Violencia tan longeva?
La violencia siempre engendra más violencia. Lo que pasaba en Siria, en Israel y en Judá no es justificable, pero si es entendible. Estos reinos se habían colocado a sí mismos en una olla de presión. Son sumamente gráficas las duras palabras que Jehú usó contra Joram: “Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿hay paz Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías? ” (2 Re.9.22). Las presiones, los asesinatos, las injusticias, la corrupción reinante en Israel, eran el polvorín que la casa de Acab estaba almacenando muy cerca del fuego. Después de la muerte de Joram, Jehú recuerda el asesinato de Nabot como un antecedente válido para justificar el uso de la violencia contra el rey. Tristemente, los violentos sólo pueden ser sujetados con más violencia. Es como el final de la película “Caracortada (Scarface)”. El protagonista, un violento compulsivo, corrupto y drogadicto, termina sus días solo y endurecido, como acabaron otros en sus manos, en un baño de sangre, violencia y destrucción. Sólo una violencia mortal podía detener al violento.
Lo que si sabemos los cristianos es que hay dos rivales contra los que Miss Violencia siempre compite: la Señora Justicia y su archi rival, La Preciosa Paz. Donde ellas están, lo más seguro es que Violencia no querrá estar. ¿Dónde poder encontrarlas? Es muy fácil. Siempre van acompañadas de Jesucristo, el príncipe de paz. El sufrió el dolor de la violencia contra sí mismo, hasta sus más injustos resultados. El murió violentamente pero la violencia no lo pudo vencer. Miss Violencia usó de todas sus fuerzas contra Jesús hasta quedar exhausta, pero Él se levantó de la muerte, proclamando el fin de la violencia a través de su reinado universal. Si seguimos a Jesús, si le buscamos con todo el corazón, si obedecemos sus mandamientos, venceremos también a Miss Violencia, no con sus descarnadas armas, sino manteniéndola alejada de nuestro entorno y de todo lugar en donde proclamemos el reino de Cristo.
No será fácil...pero yo sé que el Señor de paz me dará la victoria, y tampoco quiero perder la corona.
