La Iglesia Sudafricana y el Apartheid IV

Al principio del siglo XX, Sudáfrica estaba lleno de ministros cristianos. “Cuando se realizó el censo de 1911, 1589 misioneros protestantes (7.5% de todos los misioneros occidentales repartidos por el mundo) estaban trabajando en Sudáfrica.”15 Muchas iglesias estaban buscando ofrecer una respuesta cristiana a la crisis social y cultural en la que estaban sumidos los sudafricanos de raza negra debido al empobrecimiento rural y las políticas discriminatorias promulgadas por el gobierno blanco. Esta participación se limitaba sólo a proveer educación básica y programas de salud entre los sectores más pobres.
La opinión de las iglesias con respecto a las políticas segregacionistas fue muy diversa. Muchas de ellas consideraban algunas de las regulaciones como beneficiosas para mejorar la calidad de vida de la gente de raza negra. Además, las políticas de separación se publicitaban como medidas humanitarias para proteger a los nativos de una cultura que, supuestamente, ellos no podrían sobrellevar. La Ley de Nativos de 1923 (para áreas urbanas), que es conocida como el fundamento de la segregación urbana, fue en realidad “una respuesta a las demandas de los misioneros para que el gobierno supervise los peligrosos e insalubres asentamientos africanos en las ciudades sudafricanas.”16
Las iglesias compartieron con los afrikaners la noción distorsionada que consideraba a las personas de raza negra como seres inmaduros y necesitados de cierto tipo de protección especial. Por ejemplo, J.W. Williams, obispo anglicano de la diócesis misionera de St. John dijo en 1920: “Ellos [las personas de raza negra] deben tener… la protección necesaria para ellos, si es que se van a desarrollar sin estorbos, sin ser destruidos por los peligrosos hábitos de una civilización que ellos no podrían sobrellevar.”17 Esta visión absurda y paternalista estuvo caracterizada por un criterio de dependencia del negro sobre el blanco: “Los blancos le deben a los negros oportunidades, ayuda, protección, y un lento avance hacia una madurez política. Los temas de total igualdad y total integración pueden posponerse para un futuro todavía distante.”18 Esta percepción no estuvo sólo relacionada con temas seculares, sino también con los temas religiosos. Esta segregación “benevolente” también afectó el gobierno de la iglesia,
En Sudáfrica los misioneros fueron renuentes en la ordenación de personas de raza negra, aun de los más exitosos evangelistas. Ellos creían que los blancos eran incapaces de poder cumplir con las demandantes tareas de un pastor – administrar dinero, censurar pecados, y administrar organizaciones complejas. Siendo presionados por las juntas misioneras, ellos empezaron a ordenar africanos al final del siglo XIX, pero para 1911, después de más de un siglo de actividad misionera, sólo 401 ministros ordenados africanos (comparado con 649 misioneros ordenados) estaban ministrando en iglesias en Sudáfrica.19
Basta mostrar que para 1979, todos los obispos de la iglesia Católica eran blancos, mientras que el 80% de la membresía era de raza negra.20 Las iglesias del tipo Pentecostal también se dejaron influenciar por las políticas segregacionistas. La Apostolic Faith Mission (AFM) tenía una gran mayoría negra, pero su concilio estaba formado exclusivamente por gente de raza blanca. Gente de raza negra y de color no tenían ningún tipo de prerrogativa dentro de la iglesia. Sólo personas de raza blanca podían ser miembros oficiales de la AFM hasta el año 1991. Lamentablemente, este falso paternalismo no sólo era propiciado por los blancos, sino que también era respaldado por gente de raza negra. Elías Letwaba, un líder negro del AFM, escribió:
Yo oro por nuestros benefactores, la gente blanca, quienes nos han traído la luz eterna. Mi nación debe aprender a amar a nuestros benefactores… y serles obedientes, porque no habría cielo para nosotros, pobres negros, si no fuera por el hombre blanco.21
Otro gran problema era la dicotomía teológica entre lo sagrado y lo secular en las iglesias. Esto trajo consigo que sus enseñanzas no estuvieran directamente relacionadas con la difícil realidad de la gente de raza negra. Este tipo de dicotomía era ajena a la cosmogonía africana, pero las iglesias insistieron en predicar un evangelio individualista que fomentaba la idea de una transformación personal y una relación privada con Dios. Todo servicio social a la comunidad era visto como algo alternativo y secundario. Es absolutamente claro que las iglesia Reformada Holandesa apoyaban la segregación, pero muchas otras organizaciones religiosas sólo atinaron a condenar tímidamente la discriminación racial, “… en conferencias anuales y cartas pastorales, pero en la práctica esas iglesias fueron parte del sistema racial y opresivo.”22 Por ejemplo:
“La Iglesia Zion Christian, de lejos la más grande de las iglesias independientes… fue esencialmente separatista, evitando toda confrontación con el estado, y sin cuestionar ninguna de las estructuras del apartheid… en 1985 el presidente Botha, felicitó a la iglesia por mantener separadas la religión y la política, y por su respetuosa obediencia al estado.”23
“El cristianismo de derecha fue regularmente usado para reforzar el régimen de apartheid. Cuando el evangelista americano Jimmy Swaggart visitó Sudáfrica en 1986 la represión estatal estaba en su apogeo, y los mensajes del predicador fueron transmitidos por la televisión y radio estatal como parte de una guerra santa en contra del comunismo, contra el movimiento de liberación, y particularmente contra el CNA, que era presentado constantemente como un frente moscovita.”24
Las iglesias Anglicana, Bautista, Congregacionalista y Metodista apoyaron generalmente las políticas discriminatorias del estado. Aunque ellos no tenían sínodos separados, ellos si estaban segregados al nivel local (parroquias y congregaciones). Los salarios permanecían más altos para el clero blanco, y todo el liderazgo era virtualmente de de la misma raza. El primer obispo de raza negra de la iglesia anglicana recién fue electo en 1960.
Albert Lutuli, un miembro de la iglesia Congregacional, y presidente del Congreso Nacional Africano en la década del cincuenta, y ganador del premio Nóbel de la paz en 1960, realizó una poderosa advertencia el mismo año de su elección: “Las iglesias simplemente se han rendido ante el estado secular por demasiado tiempo; algunas de ellas aun apoyan [abiertamente] el Apartheid.”25 En 1995, el Documento Kairos (firmado por 150 religiosos y teólogos) condenaron una teología de la iglesia que estaba creando, “un falso entendimiento de reconciliación al afirmar que la reconciliación entre blancos y negros en Sudáfrica se puede conseguir sin la transformación de las estructuras políticas y sociales y sin el establecimiento de un orden democrático y justo.”26
